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ICC SYSTEM DATE · 14.09.2084 FY2084 · Q3
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La Utrera que se nos echa encima

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ICC / UTR / 2084

Señal en directo Dos robots municipales resultan dañados durante el primer encuentro de farmeo de aura de Utrera ICC
Inventario Estratégico de Patrimonio Documento Rector IEP-00

Carta de Principios para la Gestión Estratégica de la Identidad Urbana

Incorporación al registro 20.08.2084 · 13:01 · ICC-TFY2084 · Q3
Área operativa IDP-08 Identidad y Patrimonio
Referencia pública IDP-2084-0180
Consultas registradas 79
Organismo responsable DCIMR-08 Dirección de Continuidad Identitaria y Marcos de Referencia
ExpedienteEXP-IDP-2084-0180/A
Carta de Principios para la Gestión Estratégica de la Identidad

Esta carta de principios establece el marco doctrinal para la gestión estratégica de la identidad urbana de Utrera ICC

Utrera Integrated City Corporation · 2084


Preámbulo

Una ciudad no permanece siendo la misma porque permanezca inmóvil. Permanece porque es capaz de reconocer una continuidad entre aquello que fue, aquello que es y aquello que todavía puede llegar a ser. La identidad de Utrera no constituye, por tanto, un conjunto cerrado de bienes, costumbres o recuerdos que deban conservarse indefinidamente: es una relación viva con el tiempo —un activo que Utrera ICC administra sin pretender poseerlo—, una forma de recibir el pasado, habitar el presente y hacer posible el futuro.

Toda comunidad necesita memoria, pero necesita también selección, transformación y olvido: recordarlo todo impediría vivir con la misma eficacia con que olvidarlo todo impediría reconocerse. Ninguna organización, por sofisticada que sea su capacidad de gestión, puede sustituir ese equilibrio por un criterio de eficiencia. La finalidad de una política de identidad no puede consistir, por ello, en conservar el pasado intacto, sino en procurar que la transformación no elimine la posibilidad de comprender de dónde procede aquello que somos.

Sobre este fundamento —y no sobre un balance de activos patrimoniales— se establece el Inventario Estratégico de Patrimonio de Utrera ICC.

I. Principio de continuidad imperfecta

La identidad no exige permanencia absoluta. Las ciudades cambian de población, lenguaje, usos, tecnologías, instituciones y paisaje, y muchos de los elementos que posteriormente se consideran tradicionales fueron, en algún momento, transformaciones de un estado anterior.

Ningún periodo histórico podrá ser considerado la forma definitiva de Utrera. La continuidad deberá entenderse, más bien, como la capacidad de cambiar sin perder completamente la posibilidad de reconocerse en el cambio: el Inventario deberá proteger esa continuidad, no la inmovilidad.

II. Principio de utilidad histórica

El pasado adquiere valor para una comunidad cuando continúa siendo capaz de intervenir significativamente en su presente. Puede proporcionar ejemplos y relatos compartidos; puede ofrecer arraigo mediante la familiaridad de aquello que ha acompañado varias generaciones; puede también exigir distancia, crítica o ruptura. Estas relaciones —monumental, anticuaria y crítica— forman parte de una misma capacidad histórica, y ninguna de ellas deberá imponerse de forma absoluta.

Una comunidad necesita recordar para reconocerse, pero también necesita poder transformar lo recibido y, llegado el caso, desprenderse de ello. La acumulación ilimitada del pasado no constituye memoria: constituye incapacidad para seleccionar.

III. Principio de plasticidad identitaria

Se reconoce como Plasticidad Identitaria la capacidad colectiva para recibir aquello que ha sido heredado, transformarlo y hacerlo compatible con nuevas condiciones de vida sin perder por completo su significado anterior.

Una identidad demasiado rígida corre el riesgo de convertirse en representación de sí misma; una identidad sin resistencia suficiente al cambio corre el riesgo de hacerse irreconocible. Entre ambas situaciones existe un espacio de transformación que el Inventario deberá preservar: la identidad será considerada más vital cuanto mayor sea su capacidad para incorporar el cambio sin necesitar negar que este se ha producido.

IV. Principio de olvido necesario

El olvido no será entendido exclusivamente como fracaso de la memoria. Toda cultura necesita dejar parte de su pasado atrás: costumbres desaparecen, nombres dejan de utilizarse, espacios cambian de función, tecnologías se vuelven incomprensibles y formas de vida completas pierden las condiciones que permitían su existencia. Pretender conservarlas todas conduciría a convertir la ciudad en depósito de sus propias formas anteriores.

Por ello, la pérdida podrá formar parte legítima de la continuidad. La cuestión no será únicamente qué debe conservarse, sino también qué puede dejar de estar presente sin que Utrera pierda la capacidad de comprender la transformación producida. Olvidar no exigirá borrar.

V. Principio de divergencia

Deberá distinguirse siempre entre la permanencia de un elemento y la permanencia del mundo que le daba sentido. Puede conservarse un edificio y desaparecer el uso que lo hacía cotidiano; puede mantenerse una celebración y desaparecer la comunidad que la transmitía; puede sobrevivir el nombre de un comercio mucho después de que desaparezcan quienes lo conocieron; puede reconstruirse con absoluta precisión un espacio cuya experiencia histórica ya no sea recuperable.

La reproducción de los signos del pasado no garantiza la continuidad del pasado. El Inventario deberá prestar especial atención a estas divergencias: conservar la apariencia de una continuidad no deberá confundirse con conservar sus condiciones de existencia.

VI. Principio de nostalgia

La nostalgia constituye una forma específica de conocimiento de la pérdida. No demuestra que el pasado fuese mejor: indica que la relación entre pasado y presente ha quedado abierta. A veces busca reconstruir lo perdido; a veces contempla la imposibilidad de recuperarlo; a veces se dirige hacia épocas realmente vividas y, en otras ocasiones, recuerda posibilidades que nunca llegaron a realizarse.

Por ello, la nostalgia deberá ser considerada tanto por lo que dice acerca del pasado como por lo que revela acerca del presente que siente su ausencia. La pregunta «¿qué echamos de menos?» será inseparable de otra: «¿qué ha cambiado para que necesitemos echarlo de menos?». La nostalgia podrá orientar la conservación, pero nunca deberá decidirla por sí sola.

VII. Principio de futuros perdidos

La memoria de una ciudad no está formada únicamente por aquello que sucedió. También la integran las cosas que fueron esperadas: proyectos que no llegaron a construirse, formas de convivencia que parecieron posibles, tecnologías que prometieron transformar la vida cotidiana, planes abandonados, promesas, expectativas colectivas y futuros imaginados desde distintos presentes y posteriormente clausurados.

Estas posibilidades no realizadas forman parte de la experiencia histórica porque condicionaron decisiones, deseos y maneras de comprender el porvenir. El Inventario podrá conservarlas como futuros perdidos: una comunidad debe poder recordar no sólo aquello que llegó a ser, sino también aquello que alguna vez creyó que podría llegar a ser.

VIII. Principio de banalidad

La memoria suele llegar tarde. Aquello que permanece durante demasiado tiempo parece carecer de valor precisamente porque nadie imagina su desaparición: un comercio, una palabra, una marquesina, una máquina, un olor, una oficina, una forma de esperar, un recorrido cotidiano, una manera de relacionarse con otra persona. Lo ordinario rara vez se percibe como patrimonio mientras sigue siendo ordinario.

El Inventario deberá, por ello, prestar particular atención a las formas de vida que todavía no han adquirido prestigio histórico. La banalidad puede ser simplemente el estado de las cosas antes de convertirse en recuerdo.

IX. Principio de distancia crítica

Ningún elemento deberá considerarse valioso únicamente porque haya sido heredado. La continuidad histórica incluye también la facultad de someter el pasado a juicio: una tradición puede perder su función, un símbolo puede adquirir significados incompatibles con aquellos que justificaron su conservación, un relato colectivo puede necesitar ser corregido y una herencia puede exigir contextualización, transformación o abandono.

La identidad no deberá utilizarse para convertir la antigüedad en obligación. Toda generación recibe un pasado que no eligió, pero debe poder decidir qué hacer con él.

X. Principio de trazabilidad de la pérdida

La transformación será inevitable, y la pérdida también, pero ninguna de las dos deberá confundirse con inexistencia previa.

Cuando desaparezca un espacio, una costumbre, una institución, una actividad o una forma de vida considerada significativa, deberá permanecer información suficiente para comprender:

  • qué existió;
  • qué función desempeñó;
  • qué relaciones permitió;
  • qué circunstancias produjeron su transformación;
  • y qué ocupó posteriormente su lugar.

Una ciudad puede decidir no conservar una cosa; no debería perder, además, la capacidad de saber que la perdió.

XI. Principio de provisionalidad

Toda interpretación del pasado pertenece también a su presente; por ello, ninguna clasificación identitaria podrá considerarse definitiva. Lo que una generación considera banal puede resultar esencial para otra; lo que una época protege puede posteriormente necesitar ser reinterpretado. Lo olvidado puede regresar, lo monumental puede perder significado y lo desaparecido puede adquirir una intensidad histórica que nunca poseyó mientras existía.

El Inventario deberá conservar la posibilidad permanente de revisión. La identidad no será administrada como una conclusión: será tratada como una relación abierta.

XII. Principio de responsabilidad intergeneracional

Las decisiones sobre el presente modifican el pasado disponible para quienes todavía no han llegado. Conservar selecciona, transformar selecciona, destruir selecciona y no documentar también selecciona. Toda política de identidad implica, por tanto, una responsabilidad hacia generaciones que no podrán intervenir en las decisiones actuales pero recibirán sus consecuencias.

El Inventario deberá procurar que ninguna transformación prive innecesariamente al futuro de la posibilidad de comprender el pasado que la hizo posible. No existe obligación de transmitirlo todo; existe obligación de saber qué estamos dejando de transmitir.

Principio rector

El Inventario Estratégico de Patrimonio no tendrá como misión determinar una forma auténtica y definitiva de Utrera. Su finalidad será garantizar que la ciudad pueda transformarse sin perder completamente la capacidad de reconocer, interpretar y discutir las continuidades y discontinuidades que la han constituido.

Por ello, Utrera ICC no conservará el pasado para impedir que pase: lo conservará, transformará o dejará atrás en la medida necesaria para que Utrera pueda seguir relacionándose con aquello que ha sido. La identidad no consiste en permanecer iguales: consiste en conservar suficiente memoria del cambio para seguir sabiendo quién ha cambiado.

La presente Carta no atribuye por sí misma derecho de permanencia a ningún elemento material, inmaterial o representacional.

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